Necedad

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Origen y Definiciones de la Necedad

Con anotaciones y algunas necedades de las que se usan

por

Don Francisco de Quevedo (1626)


El Confiado de sí mismo y la Porfía, al cabo de largo tiempo y de entrañable amor que el uno al otro se tuvo por inclinación natural (amando cada cual a su se­mejante), se casaron y de este ayuntamiento tuvieron copia inumerable de hijos. Éstos se juntaron unos con otros por dispensaciones del Tiempo, y no perdiéndole en el producir, dió este grano ciento por uno, por cuya causa vino a ser infinito el número de los necios, y sus impertinencias y abusos sin enmienda ni reparo.


Cada uno de por sí introdujo nuevo lenguaje y jerigonza, procurando que ni el olvido los sepultase ni el tiempo los consumiese; y así lograron sus designios, de suerte que con haber comenzado pocos años después que el yerro de nuestros primeros padres, es grandísimo su número, y muy limitado y no conocido el de los discretos, a quienes la necedad aflige y persigue con las producciones que vemos.

Necedad se llama y es todo aquello que se hace o dice en contra o repugnando a las costumbres de cortesía o lenguaje político.


Algunas necedades se apuntan en este breve discurso, como por él se verá, pues todas sería intentar lo imposible, siendo, como es, tal y tanta su diversidad, calidades y muchedumbre, de que el hombre debe huir, como navegante del peñasco o bajío que le amenaza, y son las siguientes:


El ocupar uno lugar de donde le pueden decir que se quite, necedad a perfil.


El competir con persona poderosa quien no lo es, necedad a prueba de mosquete.


Sacar el lienzo y sonarse las narices habiendo comenzando algún discurso o plática, necedad azafranada; y si alguna vez se divirtiere en la conversación de recogerle, haciendo alarde y mirando la superfluidad del cerebro que quedó con él, porquería y asquerosa resolución.


El preguntar uno al otro cuando le entra a visitar, habiendo visto la ocupación en que está: «¿Qué hace vuesa merced?», necedad aventajada.


El decir uno a otro cuando se ven en al guna parte: «¿Acá está vuesa merced?», necedad garrafal.


Tener un libro uno en la mano y quitárselo otro, necedad con capirote; y si se añade quitársele estando leyéndolo, necedad con falda, de que no revela la amistad; y si no es que el que leyese se le ofre ce segunda vez. Lo mismo se entiende en un instrumento en que otro está tañendo; y si tras quitárselo de la mano se pone a templar, dando a entender el de fecto del que lo tañía y su mal oido, queda declarado por necio de pendón y caldera.


Preguntar una persona a otra, viéondole con muestras de salud entera, que ¿cómo está?—superfluidad en medio de necedad; siendo más propio decir: «Huélgome de veros con salud.»


El sacudirse uno los pies del polvo o lodo habiendo ya entrando en estancia o pieza donde está la persona a quien se va a visitar, necedad con capuz.


El deshollinarse y escombrarse uno con los dedos las narices estando en conversación, necedad lampreada; y si tuviere hormigos de lo verde y seco del remanente, declárase juntamente porquería de lomo.


Repetir en un mismo día y en una misma conversación una misma cosa, por la primera vez se le atribuye a falta de memoria, y la segunda se declara por necedad venial, y la tercera reincidencia se confirma por necedad entera con bordón y esclavina y notoria falta de caudal.


Si alguno interrumpiere el discurso o plática por otro comenzada en conversación, quede declarado por semitonto, por el a b c de la cortesía; la segunda vez por necio alcoholado en tinto, hablador de ventaja y sobresaliente en la baraja de los necios; y a la tercera sea acusado que ignora la puerta por donde se entra a los términos cortesanos.


Declárese asimismo por necio el que se metiere en la conversación, plática o charla de otros, mayormente si en ella están dos sólos; y si a ésto se añade ver que se recatan de él o muestran disgusto, y sin embargo perseverare, quede por necio de la China; y si diere su razón sin pedírsela, líbrese ejecutoria gratis para que allí y en toda parte use de su oficio, sin que se le pida otro de examen o recaudo.


[…] Declárase por necio de pernil al que, entrando por una puerta que halló cerrada, la deja abierta; y si se le probare la inmemorial costumbre, se declara por necio perpetuo como censo irredimible.


Dásele una parte de necio de volatería y dos de desmemoriado, una de embelesado y tres de modorro, al que, refiriéndole otro un caso, al medio o casi a lo último se lo vuelve a hacer repetir, preguntándole: «¿Cómo es eso?; que no he estado en ello.» Declárase en reincidencia por hombre que aprecia mal las cosas de la loable discursiva y sus excelencias; y a la tercera se repele su asistencia de los lugares donde se tratare de tan alta materia, como incapaz de ella.


[…] Se declara por necio de los de cuatro a pua al que va por la calle hablando consigo mismo a solas y entre sí, y se pregunta y se responde; y si a esto añade efectos de rostro y manos, estiramiento de cejas y alzar de ojos, paradillas de en cuando en cuando, de trecho en trecho—se declara juntamente por legítimo sucesor de aposento, jarro y vela de la casa del Nuncio de Toledo.


[…] Declárase por necio frisado al que se llega a la persona que está leyendo o escribiendo algún papel; y si a ésto se añadiese el mirar cuyo o para quién es, declárase, demás de ser necio, por digno de jáquima, cincha y cola jumental.

Declárase por necio de la ijada al que se ríe del que pregunta y aprende, procurando la especulación de cosas y su fin; pónesele además de esto perpetuo silencio en el voto de ninguna de ellas, por la poca estimación que hace de su poco conocimiento, sin el cual es imposible dar a ninguna el lugar que pide y merece.


[…] Se declara por necio anticipado como flor de almendro y fruta de la Vera al que, habiendo subido de bajo estado a dignidad, no conserva, agasaja y da la mano a amigos de aquel tiempo, para que el que se presente no sea, como dice el Sabio, pregonero de quién fué, de su bajeza y miseria, y se diga por él que los oficios mudan los hombres de poco valor.


[…] Declárase por necio de entre gallos y media noche y que se siente mal de las leyes bucólicas al que, comiendo en mesa ajena, vitupera y pone tacha a los manjares que a ella vienen y se ponen; siendo más conforme a razón y buena cortesía el comer y callar, pues no le cuesta nada.


[…] Se declara por necio con verdugo en el cerebro y campanario en la mollera al que juzga ajenos motivos desde su casa por imperfectos, y quiere gobernar la ajena; y si sobre ésto cayere de traerlo dando parecer al que lo hace sin pedirle o preceder grande amistad, se le libre de ejecutoria de necio en siete lenguas y de impertinente en todas facultades.


[] Declárase por necio sayagüés y regoldón al que en conversación, fija y puesta la vista en alguno della, habla con otro en secreto; y si a ésto añadiere efectos risueños o de admiración, quede declarado por inocente de campanilla y mentecato de gurupera, con permisión a cualquier circunstante de reprenderle públicamente.


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